El misterio del padre Pío

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Muchas personas han descrito algún acontecimiento en la vida del enigmático Padre Pio. No doctrina, sino verdades física comprobadas. No dogma, sino realidades.

   

Entre muchos casos, el joven padre Jean Derobert, capellán de un destacamento militar en Algeria, en 1955, fue tomado prisionero por un comando del Frente de Liberación Nacional de Algeria. Junto a cinco soldados, de inmediato fueron fusilados. Explicaba después que tuvo una experiencia espiritual extracorpórea, en donde recuerda como deja su cuerpo físico botado en el piso y empieza a subir por un túnel de luz. Ya después de unos minutos regresa a su cuerpo físico, con el rostro en el polvo, la ropa agujereada por las balas y manchado de sangre. Se presentó ante el comandante quien exclamó que era un milagro. Muy curioso, …pero vivo. Esa mañana antes del ataque había recibido una carta del Padre Pio en donde le escribió: “La vida es una lucha, pero conduce a la luz”.
Las primeras estigmas: En el año de 1919, ya habían aparecido estigmatizaciones en su cuerpo, que le causaron muchísimo dolor. Al salir la noticia en la prensa, algunos periodistas lo tildaron de loco y le recetaron muchos epítetos más. La dirección de la Iglesia Católica también investiga y ordena exámenes físicos y espirituales para entender y llegar a esclarecer la perturbación. El Padre Agostino Gemelli, lo denunció como un fraude al indicar que se había puesto un ungüento cáustico causándole las heridas. Únicamente que las heridas se cerraban para luego volver a aparecer de nuevo. Algunas personas decían que la sangre olía a perfume. Para el Padre Pio, las heridas llamadas estigmas pasionarias, solo le causaban dolor y pena. Se cubría las manos con un guante para que se vieran.

 

     

Pero también el Padre Pio tenía su manera de hablar y adivinar con facilidad. El general Luigi Cadorna, había sufrido una fulminante derrota en Caporetto durante la primera guerra mundial, en donde ha perdido más de 270,000 hombres. El general decide que para resarcir el honor debe suicidarse. Se encierra en un salón y se prepara. En eso, la voz de un fraile le indica:
—General, ¡no vas a querer hacer esta tontería!
Fue tal el susto que desistió de ese grave error. Tiempo después le hablaron de un fraile en San Giovanni Rotondo. Fue de incognito y al verlo el fraile le dijo:
—¿Has corrido un riesgo enorme aquella tarde, eh general?

 

Soldados austríacos avanzan a Caporetto

 

General Luigi Cadorna

De entre muchísimas historias del Padre Pio, relatan que durante la guerra había tremenda escasez de pan. Entonces los frailes rezaron pidiendo que pudiera haber más para ellos. En eso entró el Padre Pio con una bolsa llena de pan. Cuando le preguntaron cómo lo había conseguido si en ninguna parte había, solo indicó que un hombre había llegado a la puerta a dejar el pan. Todos se volvieron a ver, pero ya sabían que alrededor del Padre Pio, sucedían situaciones extrañas.
Una señora le pedía mucho a su marido que la llevara a saludar al Padre Pio. El hombre se molestaba mucho y una noche le lanzó una bota al poster del Padre en la pared de la casa. Hasta que por fin accedió tiempo después, a ir de visita a San Giovanni Rotondo. Cuando le presentaron al Padre, le reclamó por haberle lanzado su bota.
En incontables ocasiones el fraile le preguntaba al feligrés si ya su hijo se había curado, si el marido ya se le había resuelto el problema. Eso sería muy común en los años de la vida del Padre Pio. Entre los italianos se volvió común también, que cuando se daba una incógnita muy grande, se iba a hablar con el Padre Pio.
El 20 de setiembre de 1968, el Padre Pío cumplió 50 años de sufrir los estigmas. A los tres días, el 23 de septiembre de 1968, falleció a los 81 años. Su funeral fue tan inmenso con cientos de personas que hubo que esperar cuatro días para que la multitud pasara a despedirse. Se calculó que hubo más de 100 000 participantes en el entierro.
Curiosamente, en las semanas y meses antes de fallecer, bajo vigilancia médica los estigmas que había padecido los últimos 50 años cicatrizaron. Cuando le quitaron los guantes prácticamente no quedaban marcas de ellos.
El niño de siete años: En el año 2000, un niño de siete años, llamado Matteo Pio Colella volvió de la escuela muy enfermo. No reconocía a su propia madre. Su padre, como doctor lo ingresa al hospital de inmediato, en donde le diagnostican una meningitis aguda fulminante. Tiene un fallo multiorgánico y el pulso se les baja a 10 pulsaciones por minuto. Esta a punto de fallecer. Le da un paro cardiaco, pero lo logran revivir, solo para caer en un coma profunda. Su madre se va a rezar y le pide al Padre Pio intervenir. El Padre ya lleva 32 años de fallecido, pero su fama perdura.
El coma se extiende por once largos días y de repente se despierta el niño. De estar prácticamente muerto estaba ahora perfectamente bien. Aunque los médicos lo consideraron un milagro, los padres no sabían que creer. Pero el niño de siete años les empezó a contar el sueño que tuvo, en donde el Padre Pio estaba al frente de su cama. El Vaticano mandó una comisión de expertos y constataron lo ocurrido.
Lo inexplicable. Imposible de creer, … pero sucedió. Hasta los más escépticos tuvieron que ceder, ya que un niño de escasos siete años no podría tener tal inventiva.

Matteo Pio Colella fue el milagro que llevó al Vaticano a canonizar al fraile.

En la vida del Padre Pio, estos fenómenos eran comunes. Muchas personas le pedían intervenir en sus vidas y eventos pequeños y grandes cosas sucedían.
Al igual que San Martín de Porres, lo vieron en diferentes lugares al mismo tiempo. Es el fenómeno llamada la bilocación. Miles de personas de la era moderna acudían a él para lograr una ayuda o una curación. Miles y miles de personas lo veneraban, agradeciéndole por favores. Algunos pastores, curas y religiosos consideran que esas cualidades místicas no fácilmente explicadas son de orden sobre natural y de mucho cuidado.
Pero en el caso del Padre Pio, miles de devotos dicen lo contrario. Es maravilloso que, en nuestra vida bastante materializada, eventos extraordinarios como la vida del Padre Pio, nos hace recordar la divinidad.

 

Fraser Pirie.