¡Líderes, déspotas, y sociópatas!

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El defecto que a nosotros nos quedan en estas generaciones, de los imperios olímpicos y gloriosos del pasado, son sus aires de grandeza y de superioridad. En Francia son muchos los parques y calles que recuerdan las glorias de Austerlitz. El Arco del Triunfo en París, que les recuerda a todos como fueron amos y señores de Europa. En Inglaterra Trafalgar
¿Pero lo que nunca se considera es qué le quedó al pueblo en sí? En realidad, no es tanto. Hay algunos legados que permanecen aún.
El 21 de marzo de 1804, el Código Napoleónico, dio forma permanente a las grandes conquistas de la Revolución: la libertad individual, la libertad de trabajo, la libertad de conciencia, el carácter laico del Estado y la igualdad ante la ley; pero, al mismo tiempo, protegió la propiedad de la tierra. Las leyes de nuestro país están basadas en el código napoleónico. Fundó el Banco de Francia, una oficina nacional de auditoría, un sistema de escolarización e incluso el sistema métrico decimal.
El sombrero bicornio de Napoleón Bonaparte se vendió al mejor postor en 1,900,000 euros. La gente de grandes dineros gasta fortunas en un sombrero cuando ese mismo monto hubiera construido miles de casas para gente sin los recursos.
Mientras que otros oficiales solían llevar sus sombreros bicornios con las alas hacia adelante y hacia atrás, Napoleón llevaba el suyo con los extremos apuntando hacia los hombros. El estilo, conocido como “en bataille”, o en batalla, facilitó que sus tropas detectaran a su líder en combate.

En Francia millones le tienen una gran reverencia. Pero quizás fue en el campo de batalla en donde Napoleón realmente sobresalió, ya que, de las sesenta batallas que peleó, solo perdió ocho. Obtuvo algunas victorias brillantes. Los de la derecha del espectro político ven a Napoleón como un héroe, que creó instituciones sólidas y que hizo grande a Francia. Los de izquierda lo ven como un tirano, un hombre que esclavizó a la gente gobernó despóticamente y, en última instancia, debilitó a Francia y, al igual que Hitler, simplemente usó el país como un vehículo para su propia ambición.
Les chasseurs a cheval: Bonaparte impartió el terror en los corazones que conquistaba. De pronto una columna al galope y con las espadas en alto se venían sobre un pueblo matando a los defensores. Detrás de ellos “madame la guillotina” ¡para terminar de imponer justicia!

Creo que al fin la verdad radica en el orgullo y la soberbia del ser humano. Un político malsano buscará siempre razones para mantenerse en el poder. Un razonamiento muy utilizado es el peligro de una agresión, en donde el país tiene que unirse para combatir al extranjero. Pero también hay muchos casos, al estilo Putin, que lo único que buscan son glorias militares… para mantenerse en el poder.
Napoleón dejó de 600,000 a un millón de muertos franceses y hasta 2,5 millones de otros países en total. Putin ya lleva unos 300,000 soldados sacrificados.
En Francia, la derecha del espectro político ve a Napoleón como un héroe, que creó instituciones sólidas y que hizo grande a Francia. Los de izquierda lo ven como un tirano, un hombre que esclavizó a la gente gobernó despóticamente y, en última instancia, debilitó a Francia. Al igual que Hitler, simplemente usó el país como un vehículo para su propia ambición enfermiza.
Una y otra vez vemos lo cierto que es. Cuando se le mete el gusano de la aclamación popular por las glorias conquistadas difícilmente puede cambiar.
William Walker, de triste recuerdo, después de llevar a miles a la muerte, prometió no volver a Centroamérica en 1857; cuando lo primero que hizo al volver a su tierra natal, era preparar una nueva embestida en contra de Centroamérica. Por eso, el único remedio que tuvieron los hondureños fue fusilarlo.
Señalaba que su plan de gobierno iba en contra de la tiranía, pero en cambio ofreció la esclavitud. Ofreció la libertad y el mejoramiento, pero detrás de él, la opresión, el fusilamiento y la horca.
En América, otro ofrecía la libertad al vencer el capitalismo, pero implantó un régimen policiaco sin libertad alguna bajo el miramiento constante del Hermano Mayor como nos explicó el escritor George Orwell. ¿Cuántos ilusos se llenaron del espejismo de liberar al pueblo subyugado, para luego imponerle al pueblo una cruz más pesada?
Sendero Luminoso: Los déspotas como Abimael Guzmán o Sendero poco Luminoso, entendían que su revolución maoísta se realizaba matando a los pueblerinos. Los déspotas, criminales cobijados en idealismo político, entendían claramente que las revueltas populares cobraban su peaje de sangre y estaban dispuestos a realizarlo. Al final, solo fueron sociópatas criminales.
Guzmán esperaba inducir al genocidio anunciando que “el triunfo de la revolución costará un millón de muertos”. El senderista debía “llevar siempre la vida en la punta de los dedos” y “cruzar el río de sangre” necesario para el triunfo de la guerra popular. Que triste futuro le esperaba a la nación peruana. En sus alucinaciones enfermizas, explicaba que como parte de la “cuota de sangre”, el militante comunista debía fomenta el odio para captar adherentes, ¡instrumentalizar las masas a su favor y tolerar la crueldad contra sus oponentes para ganarse la obediencia de las masas!

Abimael Guzmán, quien se autodenominó “La Cuarta Espada del Marxismo” cargado de odio detrás de las rejas. Gracias a sus esfuerzos ideológicos 24,000 inocentes murieron.

En cambio, el excelso Mohandas Gandhi trajo al imperio inglés a sus rodillas, logrando la libertad del subcontinente por medio de su sacrificio personal y del ayuno, nunca buscando el provecho personal. No menos que él, Martin Luther King logró los avances más significativos para su gente siguiendo la línea de la no- violencia de Gandhi.
¿Y qué decir de Nelson Mandela, que después de pasar encarcelado durante treinta años, al quedar libre y líder indiscutible de Sur África? En vez de cobrar una muy merecida venganza, unió al país con su ejemplo y ahora viven en paz.
Los verdaderos líderes son aquellos que buscan el bien común. No el bien personal. Serán siempre recordados con cariño y agradecimiento.

 

Fraser Pirie R.