Los aires de Cervantes

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Al pasar todo el domingo pasado en una finca chayotera asentada sobre la Colada de Cervantes, quedé impactado de la belleza escénica de las montañas que alimentan a Costa Rica y la Meseta Central.

 

 

Allá hacia la derecha y el oeste, hasta donde me alcanzaba la vista, recordé las historias de la conquista española. Como el alimento lo tenían que traer desde los llanos de Aranjuez cerca de Miramar, se encontraron desabastecidos de pan. Entonces montaron una expedición desesperada a los llanos de Orosí para robarles las mazorcas de maíz a los indígenas. En 1564, por los márgenes del río Suerre se dio una tremenda batalla, que con el arcabuz de los españoles, fue tal la explosión, que los naturales salieron huyendo. Fuego, azufre, y humo; cualquiera se distancia. Después de esto, pasaron muchos años para que reinara de nuevo la paz en el sagrado Valle de Orosi.
Quizás molestos con los españoles, el hijo del rey Guarco, Terreque se desapareció una noche con su gente escogida entre los montes y las espesas selvas. Fundaron el pueblo de Tucurrique, el famoso pueblo del pejibaye.
En 1666, los temibles piratas Henry Morgan y Eduard Mansvelt iniciaron una travesía desde Batan para atacar a la ciudad de oro de Cartago. Pero los indígenas, empezaron a hostigar a los piratas, lanzándoles serpientes, alacranes, chinches y todo tipo de molestia e irritación. Al subir las colinas pronunciadas, los piratas llegaban más cerca de la trinchera que los cartagos habían excavado para enfrentar a los bucaneros. El bucanero se enfrenta a los mares, pero los mosquitos y montañas de Cervantes son más difíciles para ellos. La única defensa cartaginesa, residía en el arte del fabricante de las bombetas para las fiestas patronales. El guía indígena le hizo saber a los marinos del gran ejército que los esperaba. A la hora indicada las bombetas empezaron a tronar y al escucharse, multiplicadas y ampliadas por el eco entre las montañas. ¡Las bombetas parecían explotar cada vez más cerca!
Esto fue suficiente para que los “perros del mar”. Dieran vuelta hacia Batan y la libertad de los mares. ¡Cartago se salvó, y el rey de España mandó la imagen de Nuestra Señora de la Limpia Concepción del Rescate de Ujarrás, en reconocimiento a los ruegos de los pobladores atemorizados. Todavía hoy esa imagen es la Patrona de la Fuerza Pública. Morgan se salvó en Jamaica, pero el holandés Mansvelt lo capturaron los españoles y nunca se supo más de él.
Lo extraño para Morgan fue que perdió su valiosa espada. Surgió una leyenda, lo más seguro que no es verdadera, que una noche los indígenas del sector de Cot, después de dejar galones de chicha para los marineros, le sustrajeron la pesada espada del capitán Morgan. Decían que los descendientes de esos valientes la tenían escondida en las riberas del gran volcán Irazú. No se sabe a ciencia cierta si existe o adonde puede estar.
En setiembre de 1709, por el sendero entre Tucurrique y Cachí, pasaron con el cacique Pablo Presbere, el Blu, quien se rebeló en contra de la injusticia española de su tiempo. La rebelión de Presbere se considera como la máxima acción de protesta del indígena talamanqueño ante el sometimiento español. Los españoles tuvieron que abandonar la región, lo que permitió a Talamanca recuperar su independencia y soberanía.
Este domingo, directamente al frente mío, del pueblito de Ujarrás surgió un hombre de gran estirpe, el nombre de quien fue presidente de las Cortes de Cádiz, Florencio del Castillo (1784-1834). Fue un brillante orador al defender con bravura a las poblaciones indígenas o naturales y por obtener mejores beneficios para la provincia de Costa Rica, que en esa época era una provincia olvidada con grandes necesidades.
Todos estos hechos pasaron al frente a mí, contemplando la grandeza y belleza del Valle de Orosi.
Como olvidar que el primer cobro o impuesto fue para el botero que pasaba al viajero de una ribera a otra frente al pueblo de Orosi. Ese primer impuesto no se utilizaba para el colegio militar como en tantos otros países, sino para cooperar con la primera educación civil en Cartago. ¡Como se marcaba desde ese tiempo el destino no castrense y militarista de nuestro maravilloso país!

Cuando por fin se realizó el sueño de tener el ferrocarril y una salida a Limón y a la costa Atlántica, los ingenieros de Minor C. Keith se enredaron saliendo de Paraíso. El corte para la línea férrea quedó guindando sobre Ujarrás al ser abandonada esa ruta. ¡Hoy es la carretera a Cachí!
Keith la enderezó hacia el Este a solamente tres kilómetros de distancia de donde me ubicaba. Aun milagrosamente sigue de pie la ruina del famoso puente de Chiz, que unió la Meseta Central y Limón. Todo pasó tan cerca de donde yo contemplaba las bellezas de este maravilloso valle de nuestra Costa Rica.
Las nubes iniciaron su ronda temprano y allá al fondo del cañón de Cachi, las lluvias empezaron su recorrido. Desde luego que vienen desde el cerro Matama que enfría los aires cálidos que soplan desde la costa. ¡Esas lluvias son la bendición de Costa Rica! Porque también llenan los reservorios de agua pura que van a ser consumidos en uno o dos días por los costarricenses en San José. Esa agua, es una bendición del cielo que viene desde los mares, abrazando la cobija de los bosques para caer nuevamente al servicio de la humanidad.
Toda el agua sobrante que no va a ser consumida cae al gran rio Suerre, hoy el Reventazón, para pasar primero por la planta de Río Macho, luego la Planta Hidroeléctrica Cachí, que un día fue la lumbre para todo el país. Luego recorre una mayor distancia y entra al PH Angostura en Florencia de Turrialba, generando muchísima corriente eléctrica. Después se encamina por unos túneles conocidos como el Proyecto Ventanas hasta por fin reventar en el coloso PH Reventazón en Siquirres. Regresan al mar de donde una vez surgieron.

¿Y cómo habrá sido la odisea de mi propio abuelo? Porque al llegar a Costa Rica posiblemente sin mucho que hacer en Limón llegó hasta Siquirres en tren. Pero de ahí subió hasta Cartago en una caravana de mulas que hacía la ruta desde Batan, posiblemente trayendo cacao y otra mercadería. Claro, duró tres semanas para subir hasta Paraíso y los Llanos de Santa Lucía, frente a Cartago.
Todo esto mismo, la impresionante vista que nunca cansa, pero de la cual uno no absorbe lo suficiente, quizás lo cautivó también a él.

El túnel de lava

El Cerro Pasqui y su cráter.

 

Uno de los cráteres de Quemados.

Cervantes es conocido por sus restaurantes tradicionales de comidas típicas como las tortillas con queso. El principal plato es la quesadilla de maíz. Pero además, existe una ruta turística que se inicia en los desconocidos cráteres extintos de Quemados frente al cerro Pasquí. Se puede visitar también el cráter Santa Rosa, y quizás el único túnel de lava hasta la fecha demostrado en Costa Rica, ubicado en Oratorio.

El túnel de lava en Oratorio, Cervantes. 

No en valde Cervantes, lleva el nombre del padre, del autor, de don Quijote de la Mancha. Este lugar tranquilo y pedregoso, donde se cruzan los vientos y las lluvias torrenciales entre Cartago y Turrialba, tiene muchos atractivos para el viajero y para las personas que viven y trabajan allí.
¡Es un lugar privilegiado, desde donde se puede observar el sitio misterioso, más allá de Atirro, en donde nacen los vientos, la lluvia y el porvenir de Costa Rica!

 

Fraser Pirie.