Mapas antiguos de Costa Rica

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A los 106 años del descubrimiento de América, Abraham Ortelius, del puerto de Amberes, produce en 1598, un primer mapa de las costas americanas. A la izquierda superior, se observa como Veraguas era un misterio para los europeos.
A mi en lo particular, siempre me ha llamado la atención los mapas antiguos de las Américas. La bella América era un misterio para los europeos, que les costaba medir, interpretar, y dibujar adecuadamente los informes traídos por los marinos de ultra mar.
Los vientos: Los españoles al atreverse a pasar por los pilares de Hércules, o sea el estrecho de Gibraltar, lograron viajar al sur y frente al Ghana y la Costa de Marfil, alcanzaban a acceder a los vientos del Oeste, logrando así la velocidad necesaria. El mar de Sargazo también era un peligro, porque detenía la nave en un pegadero imposible. Se denominan Vientos del Oeste a los vientos constantes o planetarios que se producen de Oeste a Este en las latitudes subtropicales y medias de las zonas templadas en latitudes entre 30 y 60 grados de ambos hemisferios.

Las flechas amarillas señalan los vientos del Oeste. Las azules marcan los vientos al Este.

En 1700, un viaje por mar de España a América duraba 60 a 70 días sin percances, mientras que para 1900, de diez a quince días.

 

 

 

 

Cuarenta y dos años después, el cartógrafo Willem Janszoon Blaeu de Ámsterdam razona en 1640 con nuevos datos y mejores cálculos como debería ser la costa centroamericana.
Latitud y longitud: El mayor problema que tuvieron los marinos era poder determinar su posición. Latitud se conocía mejor, pero la líneas de longitud era un misterio. Por ende, los mapas y cartas de navegación eran muy rudimentarias. Debido al esfuerzo internacional en la solución del problema y la escala de la empresa, se puede considerar que el cálculo de la longitud representa uno de los mayores esfuerzos científicos de la historia. Este considerable problema tecnológico fue resuelto en 1760 por John Harrison que superó las pruebas en el mar, inventando el cronómetro marino en 1773, que cumplió todos los requisitos para el Premio de la Longitud.

Pierre Mortier alrededor de 1700 a 1720, publicó en Ámsterdam un excelente mapa de las costas centroamericanas. Ya nos muestran un tanto más definidos con el Golfo de Nicoya, ¡un golfo plagado por piratas! Tienen además algunos indicios del Golfo Dulce más al sur. Ya los cartógrafos asumen una idea de un gran lago que se ubica en la vecina Nicaragua. Los conocimientos del interior de los países se empiezan a anotar.

Ultrasecreto de Estado: Los portugueses fueron siempre un gran nación de exploradores marinos. La ruta marítima descubierta por Magallanes en el cono de Sur América fue resguardada como Ultrasecreto de Estado con pena de muerte a quien lo divulgara. El rutero secreto conducía a las riquezas más inimaginables del Oriente. Curiosamente, una de las necesidades más apremiantes en la Europa de esa época, eran los condimentos para mantener la carne más tiempo. La canela y más especies eran muy cotizadas. La única forma de adquirir las especies de las Indias era a través del Sultanato de Turquía, que las cobraba en oro.

En 1754, Jacques Nicolas Bellín en Paris publica lo último en el conocimiento cartográfico. Yucatán es demasiado grande mientras que México en sí es reducido. El estado de Tejas es aún territorio desconocido o “terra incógnita” aunque en realidad pertenecía a los comanches. La isla de Cuba es el bastión principal de España en las Américas. Jamaica, la Española, y Puerto Rico aparecen además de las peligrosas Bahamas, el cementerio acuático de los galeones cargados de oro y joyas preciosas.

“La Parte Orientale Dell’Antico, E Nuovo Messico Con Florida E La Bassa Luigiana” de Giovanni María Cassini de 1798 muestra una mayor cohesión y proporcionalidad. El gran río Mississippi se marca en parte, porque hasta ahí habían llegado los exploradores. El sur de la Florida se marca como un suampo sin definición. En cambio, otros mapas, colocaban montañas en el centro de la Florida. El mapa en sí lo decoraban con arte selecto, ¡en donde los nativos brincan de alegría al ver la columna de soldados entrar a la aldea!

“Spanish Dominions In North América Southern Part”, del inglés John Pinkerton en 1811 nos va exponiendo conceptos equivocados en referencia con las fronteras nacionales. De hecho, como el mapa lo detalla, las zonas del norte del país no estaban aun correctamente adheridos a la Meseta Central. Gracias a Monseñor Thiel y sus visitas a los indígenas, fue que se incorporaron las llanuras al norte de la Cordillera Central a la totalidad de la pequeña y grande Costa Rica.

El error se va marcando más en el mapa centroamericano de Johnson de 1863, en mero tiempo del expansionista William Walker.

“Johnson‘s Central América”, publicado en Nueva York pareciera estar al servicio de la compañía de Tránsito de Vanderbilt también de Nueva York, ¡porque raya el mapa con una regleta a como más le conviene!

Hoy dichosamente los mapas de antaño no son tan necesarios. No se aconseja nunca ir a la corte internacional con un mapa de Vanderbilt, de William Walker, ¡o de Google!

Fraser Pirie.